Portada oficial de Antes que cambiara el siglo, de Frederick Hopper

Libro 02 · Memoria personal

Antes que cambiara el siglo

Memorias de una infancia y adolescencia chilena, 1979-2000

“Antes de tener memoria propia, uno vive adentro de lo que otros cuentan.”
Extensión
275 páginas
Edición
Impreso y Kindle

Sobre el libro

A través de escenas domésticas, pasajes, micros, tardes de televisión, casetes, videoclubes, juegos y silencios familiares, el libro reconstruye una época desde sus gestos cotidianos.

La obra no mira la infancia como postal nostálgica, sino como archivo emocional: un lugar donde todavía se escuchan las voces de una casa, de una ciudad y de un país que estaba cambiando.

Su narrativa busca que el lector reconozca objetos, palabras y atmósferas propias, aunque la historia pertenezca a una vida concreta.

Pasajes

Una muestra de la voz del libro.

La casa como memoria
“El televisor de esa casa tenía cuerpo, era ancho y gordo, con patas, con perillas que hacían ruido al girarlas, y cambiarlo de lugar era una operación que requería dos adultos y una negociación sobre donde agarraba mejor la imagen, así que ese aparato no se instalaba, se acomodaba en la familia como un mueble más, con su lugar fijo y su rutina propia.”
El primer idioma
“De esos primeros años lo que queda no es una secuencia de hechos sino una textura general. El peso de una frazada, el silbido de una tetera, la luz de una pantalla moviéndose en la oscuridad, una voz de radio que sonaba como visita conocida, un cajón que no se tocaba. Todo eso junto, sin orden y sin fecha, fue el primer idioma que aprendí: el idioma del cuerpo, antes que cualquier otro.”
Economía cotidiana
“El sonido de la feria también pertenecía a la cocina, aunque ocurriera lejos de ella: bolsas, carros, ofertas gritadas, frutas revisadas con la mano, verduras elegidas mirando precio y duración. Ir a la feria era aprender otra economía, la del casero, la del kilo, la del llévele no más, la de mirar antes de comprar.”
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