
De Antes que cambiara el siglo
Memorias de una infancia y adolescencia chilena, 1979-2000
Ver ficha del libro«El televisor de esa casa tenía cuerpo, era ancho y gordo, con patas, con perillas que hacían ruido al girarlas, y cambiarlo de lugar era una operación que requería dos adultos y una negociación sobre donde agarraba mejor la imagen, así que ese aparato no se instalaba, se acomodaba en la familia como un mueble más, con su lugar fijo y su rutina propia.»
¿Qué lugar ocupaban los objetos domésticos en la memoria de una familia?
Ver libro«De esos primeros años lo que queda no es una secuencia de hechos sino una textura general. El peso de una frazada, el silbido de una tetera, la luz de una pantalla moviéndose en la oscuridad, una voz de radio que sonaba como visita conocida, un cajón que no se tocaba. Todo eso junto, sin orden y sin fecha, fue el primer idioma que aprendí: el idioma del cuerpo, antes que cualquier otro.»
¿Qué recuerdos aprendió primero el cuerpo antes que la memoria ordenada?
Ver libro«El sonido de la feria también pertenecía a la cocina, aunque ocurriera lejos de ella: bolsas, carros, ofertas gritadas, frutas revisadas con la mano, verduras elegidas mirando precio y duración. Ir a la feria era aprender otra economía, la del casero, la del kilo, la del llévele no más, la de mirar antes de comprar.»
¿Qué enseñaba la feria sobre economía, cuidado y vida doméstica?
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